-Buenos días chicos. Ella es Rachel Cummings, su nueva profesora de Educación Física. Me acompañara por los últimos dos meses de este ciclo-dijo explicando con gestos- ¿Qué tal si se sienta señor Jonas?-dijo el. Aquel joven ruliento, se sonrojo un poco y tomo asiento así también como sus compañeros. Si mal no recordaba, el era uno de los que habían llamado mi atención en la oficina del director. El mejor compañero y con las mejores calificaciones se clasificaba, en el recuadro.
-Bien, sin mas interrupciones tomare un lista rápida, para si Rachel va reconociéndolos-dijo con una amigable sonrisa. Eran bastantes para ser solo el curso de varones. Veinte chicos lo integraban. Solo pude recordar a algunos por los primeros segundos- Comenzaremos con diez minutos de trote para entrar en calor. Vamos arriba-dijo aplaudiendo para que se levantaran mas rápido. Todos hicieron caso a sus palabras y comenzaron a poblar la cancha.
-Necesitare mas de una clase para recordarlos ¿Cómo haces para tener a cargo a veinte alumnos en una hora?-pregunte mirando la hora. Ya habíamos perdido el tiempo suficiente.
-Descuida, entre los dos haremos un gran equipo. Confío demasiado en ti-dijo emitiendo una sonrisa amigable. Como era de esperarse alguien interrumpió aquel momento.
-Sr. Pleeter, puedo ir al baño-dijo un alumno. Si mi memoria no me fallaba era Gonzáles. Aspecto latinoamericano, en su piel y cabello.
-Sr. Gonzáles, recién a empezado la clase, y aun faltan dos minutos para terminar la entrada en calor- el joven intento convencer al profesor. Yo salí de aquella conversación, y me concentre en rememorizar a los apellidos. Tome a la copia de la lista que tenia, y los señalaba a cada uno. Me había olvidado a menos de la mitad. Un record en mi primer día.
No sabia porque, pero mi mirada se hallaba imantada a la de… Jonas Nicholas, decía la lista. Su mirada se cruzaba con la mía. El estaba confundido ante mi reacción, pero también había algo más en su mirada. Algo indescifrable.
-Rachel, necesito que pongas los conos en dos filas. Tú estarás en uno, y yo en otro-dijo sonriendo. Mientras yo me encargaba de acomodar los elementos, él explicaba que haríamos. Me puse al principio de la fila, y cuando Eric toco el silbato, todos comenzaron a patearla pelota esquivando a los conos.
Unos eran ágiles, pero otros no servían para el deporte. Mucho menos, para aquel deporte. Al final de la clase, jugaron un partido de beisball. Evalué a cada uno, eso era la consigna de la primera clase. Además de saber quien era cada uno.
-Bien chicos, pueden ir a las duchas-dijo el profesor cuando sonó el timbre. Despedí a cada uno, con un saludo general. Ahora había un pequeño receso.
-¿Quieres que te muestre la escuela… o prefieres que te de un mapa y lo investigues sola?-dijo acomodando las pelotas.
-Creo que prefiero la ultima opción ¿Tienes la lista de la próxima clase aquí?-pregunte mientras ponía a mi bolso sobre mi hombro.
-No tengo la copia, tengo que ir a fotocopiarla. En primer año son menos-dijo sacándola de una carpeta, con otras tantas listas ahí dentro. Solté una carcajada, y detuve su accionar.
-Creo que mi primer destino será la fotocopiadora-dije tomando a aquella lista, y otras mas- Si no aparezco para la próxima clase, empieza a buscarme-dije saliendo del gimnasio.
Tome al mapa en mis manos, y ubique al gimnasio. La fotocopiadora quedaba bastante lejos del lugar donde me encontraba. Comencé a caminar por los pasillos y pude observar a los vestuarios y a un par de cursos vacíos. Todos se hallaban en el corredor central. Era tan grande como el gimnasio, o aun más. Todos se hallaban riendo, haciendo bromas o corriendo. Otros tan solo se dedicaban a sentarse y disfrutar de aquel día primaveral.
Una ves mas me concentre tanto en algo que olvide que estaba en un pasillo con miles de alumnos ahí caminando.
Choque con aquel chico que le había pedido permiso a Eric para ir al baño. Su apellido era… Gonzáles.
-¿Sr. Gonzáles?-pregunte. El asintió con una sonrisa- Disculpe por tropezarme con usted aun no me acostumbre a este edificio-dije riendo- Nos vemos en la próxima clase-dije despidiéndome, pero él acompaño mi paso.
-¿Quiere que la guié a algún lugar?-dijo con las manos en sus bolsillos. Primero dude en que la compañía de un alumno sea buena, pero tenia alguna excusa para la situación si alguien me veía. Por lo que asentí después de pensarlo un rato.
Me acompaño tal como lo había prometido, hasta la fotocopiadora. Por suerte nadie se hallaba ahí, solo un par de niños. La anciana que se encargaba de aquel lugar me dio una grata bienvenida con un abraso.
Pague aquellas copias, y me despedí.
-Sr. Gonzáles de Segundo año, por favor presentarse en dirección-se oyó decir por un altavoz.
-¿En que lío te has metido Gonzáles?-dije riendo mientras guardaba mis listan en el bolso. Apenas habíamos dado dos pasos desde la fotocopiadora.
-Pues, no lo se-dijo rascándose la nuca, con algo de timidez-Creo que tendré que dejarte sola…espera-dijo deteniendo mi paso, mientras buscaba algo. Mejor dicho alguien- Nick-grito cuando encontró a ese alguien. Este vino corriendo junto a él, y al verme se asombro-¿La acompañas hasta el gimnasio?-pregunto- Por favor-suplico al no obtener una respuesta.
-Gonzáles, descuide. Aun tengo al mapa-dije comenzando a caminar.
-No, no… Te acompaño-dijo el otro alumno, acomodándose a mi lado y caminando al mismo paso que yo-Suerte en la dirección-le dijo, palmeándole el hombro.
Caminar con el señor Jonas, era diferente que caminar con Gonzáles. Él era más reservado y tímido. Era incomodo el silencio par mi, pero a él no parecía afectarle en lo mas mínimo. Desearía tener memoria fotográfica, para recordar donde quedaba cada lugar de esta escuela.
-Es por este lado-dijo señalando al pasillo de la izquierda. Asentí y continué la caminata tras él. Carcajeo bajo- Lo siento- se disculpo por su accionar, mirándome.
-¿Qué lo sientes?-pregunte confundida-Yo hubiera reído también, si mi profesor no sabe donde esta parado-dije revoleando los ojos- ¿Hablan muy mal de mi?-pregunte mientras sacaba el mapa, para orientarme un poco al menos.
-Si con hablar mal te refieres a que deseen conquistarte o hagan apuestas, si-dijo con suma seriedad en el rostro.
-¿Hablas en serio? Se sincero únicamente-suplique, con preocupación en el rostro.
-Es la pura verdad, lo juro-dijo levantando las manos en acto de promesa.
-No hacia falta jurarlo. Con la sinceridad me basta-dije sonriendo, mientras volvía mi mirada a aquel mapa.
-¿le puedo preguntar algo? Y séame sincera usted también-dijo sonriendo.
-Claro, pero no me gusta mucho la formalidad. Se que deben comportarse así. Pero el usted, me hace muy anciana-dije revoleando nuevamente los ojos. Él carcajeo.
-Bueno, Rachel ¿Por qué me miraba tanto durante la clase? ¿Hice algo mal?-me pregunto lenteciendo el paso.
-Debo admitir que había llamado mi atención antes. En la oficina. Es difícil ser el mejor alumno y compañero del curso. Además me resultas familiar. No en el sentido que haya visto antes, sino que me recuerdas a alguien. Tus rulos más que nada-dije riendo. El dejo ver una hermosa sonrisa en su rostro.
-Tal vez, conozcas a alguno de mis hermanos. Somos una familia bastante grande.
-Si. Créame que si la conozco Sr. Jonas-dijo Eric delante de nosotros. Sorprendentemente ya nos encontrábamos frente a la puerta del gimnasio.
-Profesor Pleeter-exclamo el alumno que me acompañaba- Yo… yo-tartamudeo, intentando explicarse.
-Él me acompañó, porque me había perdido-explique- Gracias sr. Jonas. Fue un placer hablar con usted-dije curvando mis labios, formando una gran sonrisa.
-Descuide profesora Cummings-revoleé los ojos, fastidiada. El joven se fue y con Eric empezamos la clase de primer año femenino. El procedimiento era el mismo que la clase anterior, solo que habíamos cambiado los deportes. Jockey y voley eran la base.
-Llega tarde, sra. Cummings-dijo mi profesor. Me disculpe y corrí a mi asiento. Él prosiguió con la clase, como si no hubiese existido tal interrupción. Cooper se empezaba a poner insoportable con los papelitos. Era de esperarse que en mi primer día de trabajo quisiera saber como había sido todo. Conociendo su lado chismoso, me preguntaría cada detalle.
-Bueno alumnos, para mañana es necesario que lean los apuntes del capitulo X, con los ejercicios terminados-dijo revisando a aquellos papeles, que integraban al capitulo. Anote todo nuevamente en la agenda. De esta manera, no me olvidaría de nada. Guarde todas las cosas en mi bolso, y me apresure en salir del aula.
-Rachel-grito mi amigo. Me di vuelta lentamente, sosteniendo al bolso sobre mi hombro. Lo vi a él con una sonrisa cómplice en el rostro. Ya había previsto su próximo dialogo-¿Cómo te ha ido en tu primer día?-pregunto.
-Cooper tengo que terminar con estos apuntes para mañana,¿Qué tal si vienes a la noche a cenar y hablamos?-dije revisando mi celular.
-¿Y si esta tarde me ayudas con los ejercicios para mañana, y hablamos al mismo tiempo?-pregunto tímido. Asentí riendo era de esperarse, esto y algo mas- ¿Y ayudas también a otro amigo?-rodee los ojos, y comencé con mi caminata a mi cuarto. Por suerte quedaba dentro del mismo edificio universitario.
-No vengan muy tarde-dije a unos metros. Él me agradeció, con un grito, debido a la distancia.
Entre y deje al bolso sobre la mesada, junto a mis llaves. Revise mi correo electrónico. No tenía tiempo, como para responderlos.
Me senté en la mesa, y comencé a organizar todos los papeles que había dentro de mi bolso.
Primero tuve que separar los papeles del trabajo, con lo de la universidad. El timbre interrumpió mi trabajo. Me levante y abrí la puerta.
-Hola Cooper, vos…-dije al ver al acompañante de mi amigo. Este chico me recordaba a alguien, pero no era la primera vez que lo veía- Vos te pareces mucho a…te pareces a mi alumno-dije intentando recordar la imagen de aquel alumno, para poder compararlos mejor.
sábado, 14 de noviembre de 2009
jueves, 12 de noviembre de 2009
Just a Break
Chapter 001
Fui en búsqueda de una bebida. No tenía sed, pero eso calmaría un poco mi dolor de cabeza, y levantaría mi ánimo. Pague mi consumición, y me encamine a la banca más cercana. Deje a mi bolso de un lado, con todos mis apuntes dentro. Abrí mi gaseosa, y saboree aquel exquisito aroma lima-limón. Alguien se sentó junto a mí, provocando que mi sistema nervioso propagara un acto reflejo. Llevar mi mirada a su rostro. Mi fiel amigo estaba con una sonrisa, y sus apuntes en las manos.-¿Has conseguido el empleo?-pregunto revisando mi celular. Suspire agotada, aunque lo definiría como si hubiera bufado, enojada. Negué con la cabeza después de unos segundos.-No. Supe que las carreras terciarias nunca me servirían. Hace un año que empecé con esta carrera, tambien y nada aun-dije volviendo a tomar un trago- ¿Quieres?-dije convidándole de mi gaseosa. Él asintió y dio un sorbo.-Alguien te contratara profe-dijo cargándome. Le pegue en el hombro, y estallo de la risa- Ey, no a la violencia. Pronto serás una profesora de matemáticas también-dijo con una sonrisa. Volví mi mirada al pasto de la universidad, y me cruce de brazos. Concentrándome únicamente en aquella posibilidad de convertirme en dos profesorados, un tanto distantes. Educación física y Matemáticas.Imágenes futuras se mezclaban con las de mi primaria y secundaria. Así también con los momentos de entrevistas que viví los últimos ocho meses.Mi bolsillo vibraba, al igual que mi hombro. Me concentre tanto en esa ilusión, que no me había percatado de la realidad. Cooper me zamarreaba para que atendiera al teléfono. Agite la cabeza, para despedir a todas aquellas representaciones y concentrarme en la llamada.Numero privado ¿Quién me llama a media tarde? Atendí rápidamente, después de leer la pantalla del aparato. Ya había perdido bastantes segundos hasta ahora. -Hola-atendí normalmente, pero con una confusión en mi rostro. -Hola, ¿Estoy hablando con la señorita… Rachel Cummings?-dijo una voz masculina detrás del tubo. Nada familiar para mi oído.-Si, ella habla-dijo aun más confundida. Nadie me trataba tan cordial. -Habla Charlie Gorden, de High Music Academy –al escucho aquellos datos abrí los ojos sorprendida y las posteriores palabras eran como susurros- Necesitamos a un reemplazo fija para el día de mañana en la mañana, ¿Esta usted disponible?-pregunto. Aclare mi garganta para que se pudiera oír claro y fuerte.-Si, si. Claro, ¿A que hora se refiere con mañana?-pregunte mientras buscaba entre mis apuntes a mi querida agenda. Aun faltaba mucho para que esta se terminara. Nueve meses para ser exactos.-A las ocho treinta. Pero si es posible algunos minutos antes, así puede hablar con el otro profesor.-Claro. Mañana a las ocho estoy ahí-dije anotando rápidamente, con letras ilegibles. Me despedí cordialmente, agradeciendo la noticia. Mi rostro ahora reflejaba una sonrisa inmensa, y en mis venas se podía sentir mezclada con la sangre, la alegría que sentía. Como era de esperarse Cooper estaba desesperado por saber, que era lo que había causado tanta felicidad.-Voy a ser profesora en el High Musical Academy-dije abrazándolo.-Buenos días-dije entrando en la oficina del director. Estaba en las mismas condiciones que lo había visto, hacía cuatro meses atrás. Un espacio de tres metros, por tres metros. Con paredes de madera clara, y cortinas bordo. Todo decorado con diplomas de los profesores, y fotos de los mejor alumnos allí dentro. El personaje que acompañaba al directo supuse que era el profesor de educación física, por su atuendo. Pantalones azules, una sudadera gris con una campera en el mismo tono que el pantalón. Hacia bastante calor como para estar con ese uniforme. Yo solo tenía un short azul y una musculosa blanca. Tal y como decían los papeles. Estreche la mano con ambos hombres y hablamos un poco, de lo que haríamos el día de hoy con los tres cursos en la lista. Los primeros tres años. Era una escuela de alumnos con carreras terciaras como la mía, pero basadas en la música. Cantantes profesionales, guitarristas profesionales, bailarines profesionales, y demás.-Debes saber que eres la profesora mas joven que tiene la escuela. Casi tienes la misma edad que los mas jóvenes-dijo mientras entrábamos en el lugar al que denomino, gimnasio. -Espero que no me cause problemas eso-dije riendo, mientras firmaba los papales de mi asistencia.-Si vienes con ese atuendo, lo único que lograras serán miradas de todo el alumnado-dijo bromeando. Me sonroje un poco, y acomode mi colita de cabello- Descuida, aquí tienes un amigo, que te ayudara en cualquier inconveniente.-Gracias Eric-dije riendo. Pronto entro todo el alumnado entre risas y barullos, interrumpiendo aquel abraso. Al verme la mayoría se quedo callada, observándome. Tal y como lo había previsto mi compañero de trabajo.-Buenos días chicos. Ella es Rachel Cummings, su nueva profesora de Educación Física. Me acompañara por los últimos dos meses de este ciclo-dijo explicando con gestos- ¿Qué tal si se sienta señor Jonas?-dijo el. Aquel joven ruliento, se sonrojo un poco y tomo asiento así también como sus compañeros. Si mal no recordaba, el era uno de los que habían llamado mi atención en la oficina del director.
Chapter 001
Fui en búsqueda de una bebida. No tenía sed, pero eso calmaría un poco mi dolor de cabeza, y levantaría mi ánimo. Pague mi consumición, y me encamine a la banca más cercana. Deje a mi bolso de un lado, con todos mis apuntes dentro. Abrí mi gaseosa, y saboree aquel exquisito aroma lima-limón. Alguien se sentó junto a mí, provocando que mi sistema nervioso propagara un acto reflejo. Llevar mi mirada a su rostro. Mi fiel amigo estaba con una sonrisa, y sus apuntes en las manos.-¿Has conseguido el empleo?-pregunto revisando mi celular. Suspire agotada, aunque lo definiría como si hubiera bufado, enojada. Negué con la cabeza después de unos segundos.-No. Supe que las carreras terciarias nunca me servirían. Hace un año que empecé con esta carrera, tambien y nada aun-dije volviendo a tomar un trago- ¿Quieres?-dije convidándole de mi gaseosa. Él asintió y dio un sorbo.-Alguien te contratara profe-dijo cargándome. Le pegue en el hombro, y estallo de la risa- Ey, no a la violencia. Pronto serás una profesora de matemáticas también-dijo con una sonrisa. Volví mi mirada al pasto de la universidad, y me cruce de brazos. Concentrándome únicamente en aquella posibilidad de convertirme en dos profesorados, un tanto distantes. Educación física y Matemáticas.Imágenes futuras se mezclaban con las de mi primaria y secundaria. Así también con los momentos de entrevistas que viví los últimos ocho meses.Mi bolsillo vibraba, al igual que mi hombro. Me concentre tanto en esa ilusión, que no me había percatado de la realidad. Cooper me zamarreaba para que atendiera al teléfono. Agite la cabeza, para despedir a todas aquellas representaciones y concentrarme en la llamada.Numero privado ¿Quién me llama a media tarde? Atendí rápidamente, después de leer la pantalla del aparato. Ya había perdido bastantes segundos hasta ahora. -Hola-atendí normalmente, pero con una confusión en mi rostro. -Hola, ¿Estoy hablando con la señorita… Rachel Cummings?-dijo una voz masculina detrás del tubo. Nada familiar para mi oído.-Si, ella habla-dijo aun más confundida. Nadie me trataba tan cordial. -Habla Charlie Gorden, de High Music Academy –al escucho aquellos datos abrí los ojos sorprendida y las posteriores palabras eran como susurros- Necesitamos a un reemplazo fija para el día de mañana en la mañana, ¿Esta usted disponible?-pregunto. Aclare mi garganta para que se pudiera oír claro y fuerte.-Si, si. Claro, ¿A que hora se refiere con mañana?-pregunte mientras buscaba entre mis apuntes a mi querida agenda. Aun faltaba mucho para que esta se terminara. Nueve meses para ser exactos.-A las ocho treinta. Pero si es posible algunos minutos antes, así puede hablar con el otro profesor.-Claro. Mañana a las ocho estoy ahí-dije anotando rápidamente, con letras ilegibles. Me despedí cordialmente, agradeciendo la noticia. Mi rostro ahora reflejaba una sonrisa inmensa, y en mis venas se podía sentir mezclada con la sangre, la alegría que sentía. Como era de esperarse Cooper estaba desesperado por saber, que era lo que había causado tanta felicidad.-Voy a ser profesora en el High Musical Academy-dije abrazándolo.-Buenos días-dije entrando en la oficina del director. Estaba en las mismas condiciones que lo había visto, hacía cuatro meses atrás. Un espacio de tres metros, por tres metros. Con paredes de madera clara, y cortinas bordo. Todo decorado con diplomas de los profesores, y fotos de los mejor alumnos allí dentro. El personaje que acompañaba al directo supuse que era el profesor de educación física, por su atuendo. Pantalones azules, una sudadera gris con una campera en el mismo tono que el pantalón. Hacia bastante calor como para estar con ese uniforme. Yo solo tenía un short azul y una musculosa blanca. Tal y como decían los papeles. Estreche la mano con ambos hombres y hablamos un poco, de lo que haríamos el día de hoy con los tres cursos en la lista. Los primeros tres años. Era una escuela de alumnos con carreras terciaras como la mía, pero basadas en la música. Cantantes profesionales, guitarristas profesionales, bailarines profesionales, y demás.-Debes saber que eres la profesora mas joven que tiene la escuela. Casi tienes la misma edad que los mas jóvenes-dijo mientras entrábamos en el lugar al que denomino, gimnasio. -Espero que no me cause problemas eso-dije riendo, mientras firmaba los papales de mi asistencia.-Si vienes con ese atuendo, lo único que lograras serán miradas de todo el alumnado-dijo bromeando. Me sonroje un poco, y acomode mi colita de cabello- Descuida, aquí tienes un amigo, que te ayudara en cualquier inconveniente.-Gracias Eric-dije riendo. Pronto entro todo el alumnado entre risas y barullos, interrumpiendo aquel abraso. Al verme la mayoría se quedo callada, observándome. Tal y como lo había previsto mi compañero de trabajo.-Buenos días chicos. Ella es Rachel Cummings, su nueva profesora de Educación Física. Me acompañara por los últimos dos meses de este ciclo-dijo explicando con gestos- ¿Qué tal si se sienta señor Jonas?-dijo el. Aquel joven ruliento, se sonrojo un poco y tomo asiento así también como sus compañeros. Si mal no recordaba, el era uno de los que habían llamado mi atención en la oficina del director.
miércoles, 14 de octubre de 2009
La dama se viste de Blanco
Hacía meses ya, que no caminaba por este barrio. Aun seguí habitado por vendedores, y puestos de feria. Los dueños desarmaban sus negocios, para volver a sus casas. Lugar donde debería estar ahora mismo, de no ser por mi a migo, y sus consejos. Todavía debía acostumbrarme a este clima. El encierro solo me sirvió para desahogar mis penas, con migo mismo.
Caminar en zig-zag, era una costumbre mía, que me recordaba solo a ella. Nuestras salidas juntos. Las que jamás se volverán a repetir.
Se podía sentir el olor a café recién hecho, del bar de la esquina. Los clientes que consumían en las mesas de la vereda, interrumpían aquel exquisito aroma, con el tabaco de sus cigarrillos.
La calle Vicente López, seguía en las mismas condiciones que la recordaba. La calle, con piso de piedra. Las baldosas aun estaban rotas. Alguien debería asfaltar estas calles.
El olor a café se extinguió, hasta convertirse en el olor del cementerio. Flores nuevas y podridas, combinadas con algún que otro clavel del aire, de los cables que cruzaban la calle.
Pasaban parejas, disfrutando la fresca noche.
La cuadra estaba iluminada por un único faro, que permitía una visibilidad casi escasa, pero la necesaria para no tropezarme con nada, ni nadie. Debía cruzar la arboleda, para llegar a aquel famoso bar, en el que se haría la fiesta. Toda la satisfacción de caminar, bajo la luz de la luna se murió, hasta tal punto de sentirme inseguro de cada movimiento que hacia.
Me hallaba en la completa oscuridad, cuando algo llamo mi atención. Para ser más especifico, una mujer. Estaba vestida con atuendo de gala. Pero ¿Acaso estaba llorando?
Su pelo era negro como el carbón, y su piel blanca como la nieve. Me acerque lentamente a ella. Estaba sollozando, tal como lo había previsto. Una mujer tan hermosa llorando en medio de la ciudad porteña, a oscuras. Sentí recorrer un escalofrió, por mi columna vertebral. No iba a desperdiciar una oportunidad como esta.
-Disculpa, ¿Qué puedo hacer para que dejes de llorar?-dije sentándome junto a ella. Levantó la mirada, con algo de desesperación en ellos. Estaban raros, a pesar de estar hinchados y rojos, estaban sin vida. Rápidamente bajo la mirada a sus manos-No te haré daño ¿Puedo saber tu nombre al menos?-emitió un largo suspiro.
-Soy… Rufina-respondió en casi un susurro. Su voz estaba un tanto ronca e inaudible, pero tenía un timbre de voz especial e indescriptible.
-Oh, bueno… Rufina. Es medio raro que una mujer tan bella y hermosa este llorando a estas horas en este lugar-dije señalando con un gesto al resto de la esquina, con un gesto-Vamos, te pondrás vieja de este modo-rió bajo. Negó con la cabeza, mordió su labio inferior en acto de nerviosismo. Seco algunas de sus lágrimas y volvió su mirada, logrando un choque con la mía. Sus pupilas estaban dilatadas.
-Mira hay una fiesta aquí cerca. No tengo muchas ganas de estar solo ¿Quieres venir? - dije encogiéndome en hombros-Pasaremos un rato agradable ambos-intente convencerla. Ella asintió lentamente, algo indecisa. La ayude a levantarse. Acomodo un poco su blanco vestido. Comenzamos a caminar, por la vereda, para dirigirnos al bar de Alvear.
-¿Qué edad tienes?-dije tratando de iniciar una conversación. El silencio era algo que em incomodaba en varios aspectos.
-Poco más de diecinueve años-dijo vacilando. Formule preguntas, con respuestas fáciles y concretas, pero nunca lograba mi cometido. Su vida era muy solitaria, en varios aspectos, por lo que sus respuestas eran frágiles e inseguras. Tal ves mi presencia la incomodaba.
Una vez en el bar, bebimos champagne, comimos caviar, reímos y bailamos durante toda la velada.
Fui difícil, pero logre mi propósito. Crear una amigable relación con ella.
La madrugada estaba muy fresca. El sol recién comenzaba a asomarse en el horizonte. Mi reloj marcaba las seis en punto. Con Rufina, decidimos que era hora de volver. Su timidez, desaparecía poco a poco. Volvimos caminando por la vereda de la calle, en que nos habíamos encontrado. Jamás me olvidaría de aquella esquina. Fue el lugar, donde mi cuerpo revivió esa sensación de amor en las venas. Aquel sentimiento que me volvía tan tonto y torpe. Mi caballeresco se hizo presente cuando la brisa fresca, amenazaba una futura enfermedad. Lo que menos quería en ese momento, era perder a otra persona.
-Te acompaño a tu casa-dije después de prestarle mi campera.
-Descuida, no hay problema. Puedo ir sola-dijo intentado sacarse la campera.
-No, la mañana esta muy fría. No quiero que te enfermes-dije deteniéndola-Te acompaño-dije volviendo a caminar. Puse mis manos en los bolsillos, y fije mi vista en la piedra que estaba pateando-¿Dónde vives?-volví a patear la misma piedra, una vez mas, mientras esperaba su respuesta. Mire a mi izquierda, y solo estaba el vacío. Mire sobre mi hombro y no había rastro alguno de Rufina. Frente mío estaba el cementerio. La puerta estaba abierta. Entre a través de un pórtico, que con la poca luz que había, pude apreciar que era dórico griego sin base.
Camine guiado por las luces de los faros. No pude evitar mirar hacia atrás después de dar un par de pasos.
Nuevamente, algo había llamado mi atención. Mi campera, la que le había prestado a Rufina. Estaba sobre una tumba. Leí el nombre que estaba sobre la lapida, y una mezcla de sentimientos, me invadió. Terror, sorpresa, temor, espanto y muchos más. Era un momento indescriptible. El amor que creí posible, se había esfumado con tan solo un acto. Mi corazón sintió como una punzada. Fue como si hubiese caído al piso, rompiéndose en millones de pedazos. Una vez mas, cupido me había fallado.
Rufina Cambaceres, había muerto hacia más de diez años ya.
_________________________________________________________
Espero que les guste. Si es que hay alguien que lo lee. Lo hice para un trabajo de la escuela, y me encanto como quedo.
Caminar en zig-zag, era una costumbre mía, que me recordaba solo a ella. Nuestras salidas juntos. Las que jamás se volverán a repetir.
Se podía sentir el olor a café recién hecho, del bar de la esquina. Los clientes que consumían en las mesas de la vereda, interrumpían aquel exquisito aroma, con el tabaco de sus cigarrillos.
La calle Vicente López, seguía en las mismas condiciones que la recordaba. La calle, con piso de piedra. Las baldosas aun estaban rotas. Alguien debería asfaltar estas calles.
El olor a café se extinguió, hasta convertirse en el olor del cementerio. Flores nuevas y podridas, combinadas con algún que otro clavel del aire, de los cables que cruzaban la calle.
Pasaban parejas, disfrutando la fresca noche.
La cuadra estaba iluminada por un único faro, que permitía una visibilidad casi escasa, pero la necesaria para no tropezarme con nada, ni nadie. Debía cruzar la arboleda, para llegar a aquel famoso bar, en el que se haría la fiesta. Toda la satisfacción de caminar, bajo la luz de la luna se murió, hasta tal punto de sentirme inseguro de cada movimiento que hacia.
Me hallaba en la completa oscuridad, cuando algo llamo mi atención. Para ser más especifico, una mujer. Estaba vestida con atuendo de gala. Pero ¿Acaso estaba llorando?
Su pelo era negro como el carbón, y su piel blanca como la nieve. Me acerque lentamente a ella. Estaba sollozando, tal como lo había previsto. Una mujer tan hermosa llorando en medio de la ciudad porteña, a oscuras. Sentí recorrer un escalofrió, por mi columna vertebral. No iba a desperdiciar una oportunidad como esta.
-Disculpa, ¿Qué puedo hacer para que dejes de llorar?-dije sentándome junto a ella. Levantó la mirada, con algo de desesperación en ellos. Estaban raros, a pesar de estar hinchados y rojos, estaban sin vida. Rápidamente bajo la mirada a sus manos-No te haré daño ¿Puedo saber tu nombre al menos?-emitió un largo suspiro.
-Soy… Rufina-respondió en casi un susurro. Su voz estaba un tanto ronca e inaudible, pero tenía un timbre de voz especial e indescriptible.
-Oh, bueno… Rufina. Es medio raro que una mujer tan bella y hermosa este llorando a estas horas en este lugar-dije señalando con un gesto al resto de la esquina, con un gesto-Vamos, te pondrás vieja de este modo-rió bajo. Negó con la cabeza, mordió su labio inferior en acto de nerviosismo. Seco algunas de sus lágrimas y volvió su mirada, logrando un choque con la mía. Sus pupilas estaban dilatadas.
-Mira hay una fiesta aquí cerca. No tengo muchas ganas de estar solo ¿Quieres venir? - dije encogiéndome en hombros-Pasaremos un rato agradable ambos-intente convencerla. Ella asintió lentamente, algo indecisa. La ayude a levantarse. Acomodo un poco su blanco vestido. Comenzamos a caminar, por la vereda, para dirigirnos al bar de Alvear.
-¿Qué edad tienes?-dije tratando de iniciar una conversación. El silencio era algo que em incomodaba en varios aspectos.
-Poco más de diecinueve años-dijo vacilando. Formule preguntas, con respuestas fáciles y concretas, pero nunca lograba mi cometido. Su vida era muy solitaria, en varios aspectos, por lo que sus respuestas eran frágiles e inseguras. Tal ves mi presencia la incomodaba.
Una vez en el bar, bebimos champagne, comimos caviar, reímos y bailamos durante toda la velada.
Fui difícil, pero logre mi propósito. Crear una amigable relación con ella.
La madrugada estaba muy fresca. El sol recién comenzaba a asomarse en el horizonte. Mi reloj marcaba las seis en punto. Con Rufina, decidimos que era hora de volver. Su timidez, desaparecía poco a poco. Volvimos caminando por la vereda de la calle, en que nos habíamos encontrado. Jamás me olvidaría de aquella esquina. Fue el lugar, donde mi cuerpo revivió esa sensación de amor en las venas. Aquel sentimiento que me volvía tan tonto y torpe. Mi caballeresco se hizo presente cuando la brisa fresca, amenazaba una futura enfermedad. Lo que menos quería en ese momento, era perder a otra persona.
-Te acompaño a tu casa-dije después de prestarle mi campera.
-Descuida, no hay problema. Puedo ir sola-dijo intentado sacarse la campera.
-No, la mañana esta muy fría. No quiero que te enfermes-dije deteniéndola-Te acompaño-dije volviendo a caminar. Puse mis manos en los bolsillos, y fije mi vista en la piedra que estaba pateando-¿Dónde vives?-volví a patear la misma piedra, una vez mas, mientras esperaba su respuesta. Mire a mi izquierda, y solo estaba el vacío. Mire sobre mi hombro y no había rastro alguno de Rufina. Frente mío estaba el cementerio. La puerta estaba abierta. Entre a través de un pórtico, que con la poca luz que había, pude apreciar que era dórico griego sin base.
Camine guiado por las luces de los faros. No pude evitar mirar hacia atrás después de dar un par de pasos.
Nuevamente, algo había llamado mi atención. Mi campera, la que le había prestado a Rufina. Estaba sobre una tumba. Leí el nombre que estaba sobre la lapida, y una mezcla de sentimientos, me invadió. Terror, sorpresa, temor, espanto y muchos más. Era un momento indescriptible. El amor que creí posible, se había esfumado con tan solo un acto. Mi corazón sintió como una punzada. Fue como si hubiese caído al piso, rompiéndose en millones de pedazos. Una vez mas, cupido me había fallado.
Rufina Cambaceres, había muerto hacia más de diez años ya.
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Espero que les guste. Si es que hay alguien que lo lee. Lo hice para un trabajo de la escuela, y me encanto como quedo.
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